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domingo, 9 de agosto de 2015

El Estado no es Robin Hood

Asistimos desde hace muchas décadas al debate vacío de liberalismo contra socialdemocracia: el mercado o el Estado. La realidad es que la socialdemocracia nunca ha dejado de ser el elemento básico de la política económica en Occidente desde mediados del siglo XX. La teoría de la redistribución se aplica, con mayor o menor intensidad, en todos los países occidentales.

Tanto es así, que el discurso liberal –salvando el caso del anarquismo capitalista- ha dejado de hablar de Adam Smith y prefiere referirse al Estado como el ente que permite que exista igualdad de oportunidades –y no de resultados- para los ciudadanos de un país. En otras palabras, el Estado debe ser el garante de que todos tengamos el mismo acceso a servicios básicos, defender nuestra seguridad y la propiedad privada.

Por el contrario el discurso socialdemócrata gira cada vez más hacia el socialismo. La teoría de la redistribución de la riqueza parece agarrar más fuerza entre sus seguidores. No basta con garantizar igualdad de oportunidades, el socialismo quiere igualdad de resultados sea cual sea el nivel de mérito o esfuerzo de cada ciudadano. Se les escucha hablar del Estado como benefactor de los pobres en detrimento de los ricos. Un Robin Hood institucionalizado que, por medio del poder coercitivo de los impuestos o los precios regulados de servicios básicos (agua, luz, gasolina...), detrae dinero a los que más tienen para dárselo a los que no tienen tanto.

En este contexto y ante la situación actual del Estado en Costa Rica se alzan voces que ven una suerte de redistribución de la riqueza, incluso hablan de "justicia social", en los abultados salarios y privilegios de un sector muy significativo de los empleados públicos. Lo cual no deja de ser una falacia. Sobre todo cuando descubrimos el siguiente dato: el 80 por ciento de los ciudadanos con las rentas más altas del país –percentil 90, es decir, el 10 por ciento con las rentas más elevadas- son empleados de las instituciones del Estado.

Conocido este dato, ¿a quién está robando este hipotético Robin Hood que nos receta la socialdemocracia?. La respuesta parece evidente. Adicionalmente, tenemos un Estado que, no sólo paga salarios hasta ocho veces más altos que la empresa privada, sino que además ha olvidado sus funciones primarias en la búsqueda de igualdad de oportunidades para todos sus ciudadanos.

Para nadie es un secreto que muchos ciudadanos tienen que recurrir a la educación y la sanidad privadas para poder lograr estándares de calidad similares a los que el Estado tenía hace un par de décadas. Por no hablar de funciones fundamentales para el desarrollo como la seguridad o la inversión en infraestructuras.

Ahí es donde encontramos esa dicotomía actual sobre el Estado costarricense: los ingresos son insuficientes pero los gastos no van dirigidos a lograr una mejor sociedad, sino a pagar cada vez mejor a sus funcionarios.


Podemos seguir culpando a la evasión fiscal de todos nuestros males como sociedad que no cree en el Estado del bienestar. Pero no es menos cierto que el incentivo para aportar algo a ese Robin Hood del que hablan algunos es nulo.  Sin una planificación clara del destino del gasto público, el Estado no puede pretender mayores esfuerzos fiscales de unos ciudadanos abocados a utilizar más recursos en servicios esenciales privados.

Publicado en La República.

sábado, 21 de marzo de 2015

Vivir en obra gris

Hace unos años escuché una conferencia magistral de Edgar Mora, alcalde de Curridabat y urbanista diplomado en Harvard, en la que me impactó una extraordinaria afirmación: "Las personas terminan acostumbrándose a vivir en obra gris". La afirmación del alcalde se refería a cómo los costarricenses se han acostumbrado a vivir en ciudades sin terminar. Ciudades a las que les falta acercas, pasos peatonales, papeleras, paradas de bus, etc. Ciudades planificadas que, por falta de fondos o de voluntad política, nunca se terminaron.

A pesar de ese estado de "obra gris" de las ciudades, los ciudadanos se han acostumbrado a esa normal anormalidad. No echan en falta ninguno de los elementos normales de una ciudad acabada. Nos parece normal que no existan aceras para pasear o iluminación nocturna. Esa maraña de cables forma parte del paisaje de nuestras calles. No nos impacta ver un cable colgando y rozando el techo de nuestro carro.

Esto que vemos en nuestra ciudad, la que sea, todos los días, aplica para Costa Rica entera como país. Nos hemos acostumbrado a tener un país sin infraestructura.  Nos parece normal tardar más de una hora en atravesar la ciudad cualquier día sea hora pico o no. Hemos asumido como bien empleadas las más de tres horas y media que se tardan en recorrer los apenas 200 kilómetros que separan San José de Liberia.

Visitar una playa en Guanacaste nos toma unas cinco horas en carro, corriendo no pocos riesgos en carreteras sin señalización adecuada, llenas de huecos y atestadas de camiones, pero eso es normal. Como normal parece no contar con un transporte público eficiente que conecte las principales fuentes de empleo del GAM con los hogares de cientos de miles de costarricenses. Normal es que haya cortes de electricidad y agua dos veces al mes o que no seamos capaces de mantener una conversación telefónica por más de tres minutos.

Nadie se rebela, nadie reclama ante los poderes del Estado, en las redes sociales, en las mil y una formas de expresión que tiene el ciudadano del siglo XXI. Nos hemos acostumbrado a vivir en un país en obra gris, con ciudades a medio hacer, con carreteras, puertos y aeropuertos planificados en los años ochenta, y sin terminar.

Al fin y al cabo a las clases pudientes siempre les queda Miami, o cualquier otra ciudad de Estados Unidos o Europa, a la que ir a darse -como dijo alguien en otro foro- "un baño de primer mundo" dos o tres veces al año. Y a los menos afortunados conformarse con un "peor están en Nicaragua", tan cerca pero tan lejos de esta nuestra presunta Suiza Centroamericana.


Seguimos señalando a los políticos de no hacer nada al respecto. Pero entre acusaciones de corrupción, cada vez que alguien da un paso hacia la construcción de una nueva carretera, y prioridades de alto impacto político y nula aportación a nuestra vida diaria, van pasando los años, las administraciones, los gobernantes. Mientras, los ciudadanos cada día nos acostumbramos, con más resignación si cabe, a esta forma de vida en obra gris que decía el alcalde. ¿Lo vamos a seguir permitiendo?.

Publicado en el periódico La República.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Viralidad

El día siguiente a la primera ronda electoral en Costa Rica, aupados por los resultados, los líderes del Partido Acción Ciudadana (PAC) se prodigan por los estudios de televisión del país para realizar su particular análisis de lo sucedido en las urnas el día anterior. Epsy Campbell, diputada electa y una de las líderes más antiguas e influyentes del partido, lanzaba sus consignas en Canal 9 como propiciadores del triunfo de su formación política: "El pueblo ya no come cuento".

Tenía toda la razón la líder izquierdista, la gente no ingiere las opiniones convertidas en realidades –los cuentos, según Campbell-, sino que a la gente se le inoculan las consignas, como si de un virus se tratase. La viralidad, anglicismo clave en el mundo del mercadeo, es sin duda el factor más importante de una campaña política.

En mi reciente artículo Lecciones electorales explicaba que el mercadeo viral va mucho más allá de las redes sociales, las cuales, aunque tienen una creciente importancia en el mundo de la publicidad, no son el único medio para dispersar el virus. De hecho la viralidad siempre ha existido, dado que es el fenómeno que permite que una idea, un concepto, una opinión o una mentira se difundan entre las personas sin que, aparentemente, medie un interés comercial.

Al igual que no compramos una determinada marca de ropa únicamente por la calidad de su tejido o su corte, sino que nos dejamos llevar por lo que en marketing se denominan "factores emocionales". En política nadie decide su voto mediante la lectura –y comprensión- de los programas electorales, sino que basa su decisión en factores emocionales: "no quiero que gobiernen los de siempre", "voy a votar por un cambio", "mi voto es contra la corrupción", etc. Decisión que además busca reafirmarse haciéndose pública y notoria y que, una vez tomada, tiende a buscar aliados que nos acompañen en la misma. No olvidemos que el ser humano es gregario por naturaleza.

Así, el éxito del PAC en las elecciones pasadas se fundamentó en su capacidad –y la incapacidad de sus rivales- para generar esta viralidad  a su favor. Transmitiéndose no sólo por los canales tradicionales (redes sociales incluídas), sino mediante rumores, fidelización de votantes, etc.

Además el PAC tuvo el acierto de generar plataformas paralelas, supuestamente independientes, que trasmitían los virus sin hacer sospechar de que se trataba de propaganda electoral. Estas plataformas se pueden encontrar en redes sociales. Sólo hay que escarbar un poquito para darse cuenta que un grupo "desinteresado" de estudiantes, por ejemplo, no tiene a su alcance la capacidad técnica y económica para generar spots publicitarios con una producción, dirección de arte y fotografía impecables.

Son varios los virus dispersados entre la población durante esta campaña: exponer al enemigo equivocado, cambio, moderación. Los analizaremos a continuación.

Enemigo equivocado

Las encuestas ayudaron tremendamente al PAC en la exponencial difusión de este virus. José María Villalta y el Frente Amplio jamás lograron tener una intención de voto real por encima del 20 por ciento. Es cierto que sus seguidores, de acuerdo con las encuestas, los que antes decidieron su foto a favor de esta formación, pero jamás llegó a ser un rival real para impedir la victoria de Johnny Araya.

En cambio, como hiciera la Ministra de Salud en 2009 cuando surgió la gripe AH1N1, todos los partidos, excepto el PAC, corrieron a comprar la vacuna contra este virus. Lo sobreexpusieron, lo magnificaron, lo convirtieron en el enemigo a combatir por tierra, mar y aire. Agazapado y vigilante el PAC, por medio de su candidato, iba perfilando su estrategia mientras sus rivales gastaban pólvora en zopilotes.

Estratégicamente surgió un rumor en el mercado: un nuevo gobierno de Liberación Nacional sería el germen de la victoria del Frente Amplio en las elecciones de 2018. El virus no circuló en redes sociales, sino en los mentideros políticos, es decir, en cualquier sobremesa, mesa de tragos o reunión de cualquier tipo en plena efervescencia electoral. Sus efectos fueron inmediatos. La consigna era clara: No votar por Johnny Araya.

El lector, a estas alturas, entenderá que la relación entre un tercer gobierno del PLN y la victoria en 2018 del Frente Amplio es más bien remota. Para dar pábulo a ese rumor hemos de dar por hecho que un gobierno de Johnny Araya sería igual o más nefasto que el de Laura Chinchilla. Por ende, que cualquiera gobernaría mejor que Liberación... ¡incluido el PAC!. Suena casi a teoría conspiratoria.

En este sentido a este virus se unió otro factor que lo hizo aún más exitoso en la gravedad de sus síntomas: la denominada campaña del miedo. Las baterías contra Villalta y lo que significaba causaron una reacción doble, como lo hiciera el famoso memorándum de Kevin Casas, estratégicamente rescatado desde las filas del PAC. Por un lado rechazo al personaje y, por otro, animadversión hacia los que lo señalaban como comunista, chavista, bolivariano, etc.
El PAC capitalizó a su favor esta campaña del miedo. La rechazó de plano, incluso sintiéndose agredido por los que señalaban a Villata y, en paralelo, la aprovechó para presentarse como la opción menos mala frente al extremismo del Frente Amplio. Una jugada maestra.

Cambio

Si hay una consigna repetida hasta la saciedad por los seguidores del PAC –y del Frente Amplio- desde su nacimiento es esa que ahora ondea en las redes sociales en forma de hashtag: #losmismosdesiempre. Dos gobiernos seguidos del mismo partido, aunque con muy diferentes actores, eran campo abonado para que este virus tuviese éxito en su expansión entre el electorado costarricense.

Esta ha sido la particular campaña del miedo de la izquierda tica desde hace muchos años: los de siempre, todos corruptos, todos neoliberales, etc. Esto me hace reflexionar sobre aquella máxima del escritor George Bernard Shaw: "Cuando un tigre mata a un hombre, lo llaman ferocidad. Cuando un hombre mata a un tigre, lo llaman deporte".

La cuestión es que el virus del cambio se propagó con facilidad. Hasta los propios estrategas de la campaña de Araya lo hicieron propio: "El cambio responsable". A estas alturas no pocos tienen la valentía de asegurar que "el 70 por ciento de los votantes lo hizo en contra de Liberación. Voto por un cambio". Ergo el 70 por ciento votó contra el PAC, ¿o no funciona así la lógica?.

Moderación

Con los virus del cambio y el enemigo ficticio, el principal argumento del PAC fue tomando forma. Con su candidato procedente de las filas de Liberación y conocido por su talante conciliador y perfil bajo, se constituían en la opción perfecta para un electorado que se movía entre el miedo y el cambio. Así nació el virus de la moderación.

En primer lugar se apartó a Luis Guillermo Solís de su pasado dentro del propio PAC. Aunque en 2007 fue un activo participante en la campaña del NO al TLC, en la que apareció como ex Secretario General del PLN, no ha sido hasta hace unos meses que hemos descubierto que ya militaba en el PAC desde hace ocho años. En otras palabras, que abrazó la ideología del partido de Ottón Solís en la campaña de 2006, cuando Ottón casi da la sorpresa frente a su anterior mentor: Oscar Arias.

El PAC lanza un candidato desconocido para el gran público, lo cual es un hándicap inicial, pero una gran ventaja en la parte final de la campaña. Solís se presenta como un hombre de convicciones socialdemócratas que se aparta de la línea férrea izquierdista del PAC, representada por Ottón, Campbell y Salom, al que ponen a encabezar la lista de diputados por San José. Un guiño al ala dura del partido.

Ottón mantiene un perfil muy bajo durante la campaña. Incluso se filtran rumores que indican que Luis Guillermo y Ottón casi no se hablan. Lo cual no es más que parte de la campaña viral que el PAC ejecuta con gran maestría. Menos aún hace su aparición Epsy Campbell o Alberto Salom, líderes más izquierdistas del PAC a los que no interesa mezclar con la imagen de moderación que quiere proyectar el candidato presidencial.


La noche electoral se escenificó la realidad de un partido cohesionado internamente. Un Ottón Solís pletórico dando declaraciones ante los primeros resultados, abrazos y gestos de complicidad y alegría compartida. Aunque lo más destacado fue el discurso del propio candidato, sin desviarse un ápice del lema fundacional del partido: "Somos el pueblo que decidió cambiar". Un discurso revanchista –"ha llegado nuestra hora"-, populista -"el pueblo es sabio"- y con ciertos toques de autoritarismo –mandó callar a los músicos-. La moderación había quedado archivada... hasta el día siguiente en el que comienza de nuevo la campaña.

lunes, 9 de abril de 2012

La gran falacia fiscal


Algunos lo veníamos denunciando desde que a este Gobierno se le ocurrió la feliz idea de subirnos los impuestos: lo que hace falta es recaudar los tributos existentes y recortar el gasto público. Ahora es el propio gabinete Chinchilla el que nos lo ha demostrado. Nada más y nada menos que por medio de los jerarcas del ministerio que con mayor virulencia ha defendido el paquete impositivo.

Mucho más allá de las formas que se han puesto de manifiesto ante la flagrante actuación del ya ex ministro Herrero y su subalterno predilecto, Francisco Villalobos, está el fondo de la cuestión. No nos engañemos, lo de estos dos señores es vergonzoso en las formas, pero tremendamente revelador en el fondo.

Para empezar el comportamiento del ex ministro y su mano derecha como presuntos defraudadores fiscales, viene a certificar la primera parte de los argumentos utilizados por la inmensa mayoría de los economistas de Costa Rica: lo más importante es recaudar efectivamente los impuestos que ya existen.

Si el Ministro de Hacienda y el Jefe de Tributación Directa pareciera que no están cumpliendo son sus deberes fiscales, a pesar de tener acceso a toda la información disponible y ser conocedores de primera mano de la legislación vigente, ¿quién nos garantiza que el resto de los contribuyentes lo están haciendo?. Pero voy más allá, ¿con qué autoridad moral puede un gobierno solicitar esfuerzos fiscales a los ciudadanos si sus propios miembros resultan ser evasores?.

La segunda parte del argumento es la que ha pasado más desapercibida a lo largo de esta conveniente semana de pasión tributaria. Me refiero al derroche público indiscriminado que seguimos viviendo y que el gobierno ha tratado de enmascarar. Resulta de la familia de Fernando Herrero tiene en el sector público su principal fuente de ingresos desde hace ya unos cuantos años, y no me refiero a su salario ministerial, sino por medio de suculentas asesorías.

Este descubrimiento sobre el supuesto fraude del ex ministro, ha revelado cómo en este país se reparte un muy interesante queque estatal de consultorías entre familiares y amigos apegados a los partidos políticos. Resulta que la esposa de don Fernando es asesora de Presidencia y Recope, en donde le firmaron como prescriptores tres miembros del gabinete Chinchilla. Antes lo fue del PLN, partido que cobró los honorarios de la empresa de la que era socio Herrero como parte de la deuda política, es decir, que los pagamos entre todos. El historial de asesorías políticas de los Herrero se remonta a Procomer, ente estatal al que muchos señalan como la “mayor piñata de dádivas” de este país.

En definitiva, que Herrero hablaba en sus conferencias de la necesidad de subir los impuestos para mantener los estándares educativos y sanitarios costarricenses. Pero omitía que sus ingresos familiares proceden igualmente del bolsillo de todos los contribuyentes, entre los cuales él figura de forma parcial. La gran falacia de mayores impuestos parece haber quedado desmontada. Ojalá así sea.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Y Ottón liquidó la (no) Alianza


Hace cuatro meses se hacían la foto juntos con los brazos en alto en señal de victoria. Habían logrado doblegar a la bancada del Gobierno y hacerse con el control de la Asamblea Legislativa. Extrañas amistades, pensábamos algunos entonces. ¿Qué pueden tener en común en materia política liberales, democristianos, socialdemócratas y neosocialistas de nuevo cuño?. Básicamente las ansias de poder.

Repartidos los cargos en la Asamblea, el objetivo estaba logrado. El fondo de aquella “Alianza por Costa Rica”, como pretenciosamente se hicieron llamar, sencillamente pasó a un segundo plano. La unión de tan diversos grupos políticos no ha logrado acuerdos reales en la Asamblea, como era de esperar.

¿Cómo va a aprobar un partido socialista una reforma para que el ICE pierda protagonismo como monopolio en la distribución de energía?. ¿Cómo un partido liberal va a aprobar un paquete de aumento de los impuestos que sólo tiene por objetivo drenar más dinero desde un sector privado aún golpeado por la crisis hacia el despilfarrador sector público?.

Evidentemente esto ya sabíamos que no iba a suceder. Como mucho se ponen de acuerdo en aprobar leyes de corte y confección que no tienen ningún impacto real sobre los grandes problemas del país, a saber: seguridad ciudadana, educación e infraestructuras. Cuando no se dedican a abrir comisiones de investigación que llenan la agenda de los diputados para hacer sangre al partido en el poder o a cualquiera que aspire al mismo.

Así, la Asamblea se ha convertido en una suerte de juzgado de guardia para investigar al primero que salga imputado en la portada del Periódico. Le arman un juicio sumarísimo antes de que cante un gallo, mientras las leyes fundamentales que requiere el país duermen el sueño de los justos de ese lugar común tan campestre al que denominan “corriente legislativa”.

Aunque la puntilla, tanto a la “Alianza por la Asamblea”, como al propio Congreso, se la ha dado estos días Ottón Solís. Político en falsa retirada, que se resiste a dejar de encarnar el liderazgo de la izquierda patria. Aún retumban en mis oídos sus palabras sobre las negociaciones “secretas” que, según él, llevaba a cabo Oscar Arias. Su ansia y afán porque toda conversación con el mandatario se produjese bajo el estricto foco de la prensa.

La testaruda realidad una vez más deja en pañales la líder espiritual del NO. Así, Ottón Solís entabla una negociación con Laura Chinchilla, sin luz ni taquígrafos y pasando por encima a su propia bancada en la Asamblea. Una negociación que se fundamenta en subirnos los impuestos a todos, incluyendo gravar la educación y la salud, algo que el prontuario socialdemócrata, que tanto uno como otra dirigente dicen representar, nunca ha recogido.

Ottón Solís ha liquidado el pacto contra natura que se firmó bajo su estricta vigilancia en mayo. Si bien sus formas, es decir, su objetivo verdadero que es controlar la Asamblea contra el Gobierno, seguirán adelante. Aunque ahora sí que se constata que aquello no fue más que un bochinche patético, que metió en la misma cama a derechas e izquierdas con el único interés de saborear las mieles del poder. En eso nuestros políticos siempre se ponen de acuerdo.

domingo, 3 de julio de 2011

Verdades a medias y mentiras totales


Fernando Herrero, ministro de Hacienda de Costa Rica, continúa su labor implacable para lograr cobrarnos más impuestos. Ahora la campaña iniciada por el gobierno de Laura Chinchilla toma tintes de amenaza: "si no recaudamos más impuestos habrá recortes en sanidad, educación y no podremos acometer nuevas infraestructuras", afirma Herrero mientras proyecta en la pantalla del salón Real del Inter una diapositiva con un hueco en la carretera, un edificio público cayéndose y unos escolares con expresión triste.

"Recortar gasto corriente no es suficiente", sentencia Herrero, mientras habla del aparato del Estado como el gran benefactor que sólo se dedica a impartir educación, sanar a sus ciudadanos, protegerlos de los malhechores y proveerlos de infraestructuras. Ni una sola referencia al mayor imperio empresarial del país: el propio Estado. Toda una verdad a medias.

¿Acaso no es el Estado costarricense propietario de las mayores entidades financieras (Banco Nacional y BCR), la más grande aseguradora (INS), las operadoras monopolísticas de la distribución energética (Recope y CNFL) y la telefónica nacional (ICE)?. Por no hablar de otros negocios del Estado, como la fabricación y venta de alcohol. ¿Qué función social cumple el Estado siendo empresario en todos esos sectores, señor Herrero, algunos en competencia en el mercado libre?. Aunque encontrásemos un sentido social a cualquiera de ellos, hay otra pregunta, ¿es eficiente el Estado como empresario?.

Me parece muy cuestionable que un ministro de Hacienda afirme que "sólo aumentando la recaudación el Estado del bienestar será sostenible en Costa Rica". Sobre todo porque debería el ministro revisar a qué dedica el sector empresarial estatal sus recursos y qué posibilidades hay de que ese ingente aparato generador de ingresos -el cual debiera privatizarse parcialmente, a todas luces- sea el que sufrague la factura del déficit del Estado.

No, eso no va a suceder. Menos con este Gobierno timorato y descabezado. Pero la evidencia está ahí. Para botón de muestra la noticia de ayer: "La construcción de la central hidroeléctrica de Pirrís duplica el presupuesto inicial". Para generar 67 megavatios, el ICE ha invertido nada menos que 600 millones de dólares. En la represa de La Joya, concesión mediante el sistema de BOT que opera Unión Fenosa costó unos 120 millones de dólares y genera 50 megavatios. Me parece que sobra cualquier comentario, salvo una pregunta: ¿si se hubiese dejado a la iniciativa privada desarrollar esa central, se hubiesen podido destinar esos 600 millones de dólares a educación, salud, seguridad o infraestructuras?.

En lugar de realizar este tipo de análisis, básicos para un señor con tan vasta formación económica como es don Fernando, este Gobierno prefiere salir de cacería al zoológico, como ya se ha dicho aquí. Por eso Herrero nos amenaza. Aunque la gran amenaza es ese paquete fiscal versión 2.0 que continúa gravando la educación, por ejemplo. Curiosamente en la misma conferencia en la que Herrero defiende poner impuestos a todo el que desee una mejor educación, saca pecho de la importancia que para Costa Rica tiene el factor educativo de la población como ventaja competitiva. Mayor demagogia no puede haber.

sábado, 4 de junio de 2011

Silencio


Tengo días de no escribir, es decir, que llevo varias semanas sin redactar una línea, al menos en este blog. Claro que los días, como las horas o los años, no se poseen, simplemente transcurren. Es lo que tienen las traducciones literales del inglés, que se convierten en atrocidades lingüísticas. Pero eso son otros cien pesos o, lo que es lo mismo, harina de otro costal.

Decía Camilo José Cela que para escribir sólo hay que tener algo que decir, con lo cual he tenido poca tentación a mi alcance. Sí, porque aquí, en Tiquicia, no ha pasado nada, absolutamente nada en un mes. Siempre lo cuento a mis conocidos. Cuando regreso de viaje y me encuentro los diecisiete o veintitrés ejemplares del periódico encima de la mesa del salón, da igual si empiezo a leer el más antiguo, el de hace tres días o la última edición. Los titulares son prácticamente intemporales. Un ejemplo a cinco columnas podrías ser "Ticos consumen altas cantidades de sal", y así de interesante todo.

Hoy la noticia del día es que 29 diputados quieren que les retiren el localizador GPS de sus vehículos oficiales. Lo presentan como tema de debate a la Asamblea Legislativa y el periódico, dándoles la razón -en la iniciativa, no en el fondo del asunto, faltaría más-, les dedica una página. Dice un diputado que cuando van de gira hay bares en los pueblos y si dejan el carro en la puerta del bar, la gente puede llegar a pensar que están echándose una birra. En fin, cosas de mucha importancia para el país.

Mientras doña Laura a lo suyo, que es el carbono neutral y la política-ficción. Una ficción que no pasa por mejorar las infraestructuras, sino por dar conferencias sobre lo divino y lo humano, todo en color verde y en los salones del Inter, ¡cuidao pierde!. Charlas en las que nos cuentan que de Moravia a Heredia se va a seguir tardando una hora todas las mañanas para llegar al brete, pero en un bus lleno de pegatinas verdes y todos tan contentos.

Como digo, mejor calladito. Porque esto para lo que da es para hablar del censo, que viene a ser la catarsis nacional en la que a uno le preguntan si se considera indígena o si las paredes de su casa son de fibrolit y las ventanas de plexiglás. Cuestiones todas de mucho interés para el público en general y los vendedores de materiales de construcción en particular.

Y otros a lo suyo, que es la carta parroquial feminista.

miércoles, 4 de mayo de 2011

El gobierno de Sleepy Hollow


Ayer mantuve un interesante intercambio de opiniones con la Ministra de Salud, María Luisa Avila, en Twitter. Avila es la ministra mejor valorada del gabinete Chinchilla, según la última encuesta publicada por El Financiero hace una semana. Transcribo el debate a continuación:

@Maluavi (Maria Luisa Avila): Sres. Diputados urge que aprueben la ley antitabaco. Necesitamos espacios libres del humo de tabaco.

@pakithor: si esa es la primera petición al nuevo directorio, apaga y vámonos.

@Maluavi:si habla de la ley antitabaco, si es mi primera petición, es salvar vidas, q para mi es lo primero.

@pakithor: me queda claro. Gobierno sin prioridades, país sin prioridades... ministros sin prioridades.

@Maluavi: que usted no comparta mis prioridades, no significa q no las tenga.

@Maluavi: la ministra de salud defiende las prioridades de salud. Salvar vidas es la principal prioridad de cualquier estado.

@pakithor: insisto, sus prioridades debieran ser las del Gobierno, y estas las del país. Si esa es la primera prioridad del país... así nos va.

@Maluavi: y cómo usted asume q esa es la primera prioridad? Usted cree q este es el mundo real? Es solo una parte. (sic)

@pakithor: creo que eso lo ha dicho Ud. "es mi primera petición". A partir de ahí creo que todo cae por su peso.

@pakithor: por si le interesa: Costa Rica Mon Amour: Cuando no existen prioridades http://bit.ly/k3IurK

@Maluavi: usted leyó mal. Pero en todo caso es una ley urgente. usted fuma, verdad?.

@pakithor: Lo urgente es seguridad, infraestructuras, educación, justicia, igualdad.... Y no, no fumo. No he fumado en mi vida. Buen intento!

@Maluavi: es parte de las prioridades de un país a cargo de los respectivos ministros, no a cargo de la ministra de salud.

@Maluavi: pues tiene mente de fumador, seguro por exposición a humo de segunda mano, es uno de los efectos adversos....

@pakithor: gracias Ministra. Debe ser eso. Ojalá a Ud. tanta ausencia de humo le ayude a pensar con un poquito de lucidez.

@Maluavi: lamentablemente hasta que se apruebe la ley, me expongo al nefasto humo como cualquiera.

@Maluavi: y escríbale a los ministros respectivos para q le informen sus prioridades.

@pakithor: sí, mejor no preguntarle a la Presidenta, su prioridad es terminar pronto... como Abel.

@Maluavi: Sin palabras ante un argumento tan científico y sólido. :( plopf.

@pakithor: sí, es que pienso "como fumador", eso me desacredita para debatir.

Desconozco la opinión del amable lector pero para mi esta es la constatación de varias de la hipótesis que vengo sosteniendo en este espacio. Hipótesis por supuesto ausentes de cualquier validez científica, eso se lo dejamos a los infectólogos, docentes, investigadores y ministros del ramo.

En primer lugar la ministra nos deja bien claro, en su intento de defender su posición, que el gobierno de Laura Chinchila es algo así como el jinete sin cabeza de Sleepy Hollow, en donde los ministros se dedican a proponer leyes de corte y confección, como esta del tabaco sin el menor reparo. Y lo que es peor: les otorgan prioridad absoluta en la Asamblea Legislativa.

Lo segundo es que este Gabinete, a tan sólo un año de su nombramiento, está totalmente amortizado. Si la ministra mejor valorada tiene que recurrir a acusarme de fumador para imponerse en un debate, no quiero ni pensar lo que podría ser un intercambio así con la defenestrada Ministra de Deportes, Giselle Goyenaga. Seguro que me acusa de no hacer ejercicio por la mañana, de ahí mi postura en contra del Gobierno.

Entre esta anécdota simpática y la no menos divertida sesión que vimos el domingo en la Asamblea Legislativa, narrada de forma magistral por Dean Córnito, mi pesimismo ha tocado techo.

¿En manos de quién estamos, señoras y señores?. ¿Quiénes dirigen el rumbo de este país?. ¿Una banda de chiquitos que se pelean en la Asamblea Legislativa como si estuviesen en el patio de la escuela?. ¿Una pandilla de ministros más preocupados por los comentarios que reciben en Twitter y por aprobar leyes de cara a la galería que por poner en marcha un verdadero plan de gobierno?.

Sea cual fuere la respuesta, el jinete sin cabeza contínua cabalgando y lo hará durante tres años más. Que Dios nos agarre confesados.

domingo, 27 de marzo de 2011

El problema es que nos hemos acostumbrado


Hoy nuevamente vengo aquí impresionado por lo que leo. Ya saben, los domingo ojeo el periódico casi entero y suelo terminar indignado. Pero hoy la indignación ha empezado desde la portada.

Ayer fue un día grande para Costa Rica. Se inauguró el nuevo estadio nacional. Esa construcción que tan pueblerinamente se ha dado en llamar "joya arquitectónica". Aunque nadie sabe quién es el arquitecto. Nomenclaturas aparte fue una fecha histórica para el país y, en general, todo estuvo a la altura de las circunstancias.

Tras la fiesta de ayer, amanecemos con un baño de cruda realidad. La portada del periódico, en un día tan señalado, era aprovechada continuar con ese particular ajuste de cuentas que los editores del medio de comunicación más influyente de Costa Rica, viene perpetrando contra en el anterior presidente del gobierno, Oscar Arias Sánchez.

"Arias recibió abucheos y Chinchilla cosechó muestras de afecto". Mayor mezquindad no cabe. Claro que en páginas interiores se revuelcan en la estulticia y titulan "Los chiflidos desempatan a Chinchilla y Arias".

Lo de ayer, aunque le pese a más de un presunto intelectual patrio, no era un espectáculo de anfiteatro romano. De esos en los que la masa, el populacho, la canalla enfurecida por la hambruna -y las pésimas infraestructuras-, jalea a los leones para que devoren al gladiador. Era otra cosa. Por mucho que se empeñen los alborotadores que se esconden detrás de la libertad -libertinaje, dirían algunos- de prensa.

Porque la plebe olvida rápido. Hoy silba lo que ayer votó. Y paga treinta rojos para asistir a la inauguración del estadio que Oscar Arias consiguió para Costa Rica. Para luego, como parias romanos, abuchear al que les permitió estar sentados allí. Por dicha o por desgracia, así es.

Aunque a lo mejor yo estoy equivocado y ahora, olvidando lo ocurrido en aquella campaña del TLC, le otorguemos más valor a los que gritan protegidos por la gradería que a los que firman columnas. En ese caso, mejor abstraerse de la realidad. Esa terca realidad que nos dicta un año de gobierno absolutamente en blanco. Quizá sea mejor pensar que Chinchilla es una gran gobernante... porque a Oscar Arias lo abuchea parte de la gradería.

Lo peor de todo, estimado lector, es que, como dijo Sartre, lo más aburrido del mal es que uno se acostumbra. Y nosotros ya nos hemos acostumbrado este "todo vale" en la cruzada de La Nación contra los Arias.

domingo, 13 de marzo de 2011

Tócala otra vez, Manu


El domingo es día de lectura sosegada del periódico. Sí, digo periódico en referencia al único diario de información general que existe en Costa Rica. El resto de la prensa escrita no pasa de la categoría de sucesos, salvo La República que es un diario de negocios... en revisión.

Entre panqueque y panqueque observo el impresionante gráfico que viene a resumir los vínculos de los implicados en el tremendo “escándalo” de los ticoleaks, quiero decir los wikileaks de Costa Rica. Los ministros de los Gabinetes de Pacheco y Arias parece que revelaron información “muy sensible o secreta” a miembros de la diplomacia estadounidense. ¡Menuda noticia!!.

Hay que vender periódicos. Hasta los domingos, día en el que están más que vendidos. De ahí que la fanfarria de los ticoleaks ya no dé más que para gráficos ilegibles y notas biográficas de embajadores y cónsules estadounidenses. A pesar de los titulares rimbombantes. Esto no es más que “puré de chayote” que decía Dean Córnito hace unos días en La Suiza Centroamericana.

Por eso tiene más carne El Topo que El País. Ahí, y no en las insulsas columnas de Armando González, es dónde uno descubre lo que se cuece en este país. En la hoja parroquial farandulera es en la que cae por su peso la realidad de este país en el que habitamos. Algunos por nacimiento y otros, como el abajofirmante, por elección propia. Cuatro páginas de oda al feminismo finisecular se desmoronan como un castillo de naipes en la primera foto que nos regala El Topo. Como cada domingo, ración y media de pechuga. Y no me refiero al anuncio de Rostipollos.

Y es en esas líneas, aparentemente frívolas, en donde hay que ver lo estúpido que es el gráfico de los ticoleaks. Para poner un ministro en su fiesta no hay que ser embajador de los EE UU, sólo hay que pagar. Ahí tienen a Manuel Obregón, pianista y ministro de ¿Cultura?, con su traje a lo Evo Morales deleitando a los presentes en la apertura de una agencia de carros de lujo.

¿Quién necesita ser cónsul para hablarle al oído a un ministro de la república?. No, estimados lectores. Lo único que hay que hacer es invitarlo a tocar el piano o a tomar unos tragos a la inauguración de la tienda en Multiplaza. Así de simple y sencillo.

“Tócala otra vez, Manu. Que esto de la Teleguía no sale”. Patético.

domingo, 20 de febrero de 2011

Cuando no existen prioridades


En un país tan necesitado de inversión pública como Costa Rica, lo mínimo que se debe exigir a un gobernante es que tenga una prioridades a la hora de asignar los escasos recursos de los que dispone. Digo lo mínimo porque hemos de descartar la pretensión, añorada por muchos, por la que iniciativa privada y pública puedan unirse para poner en marcha grandes proyectos. Ese camino ya lo han cerrado los poderes fácticos nacionales con su bombardeo diario a las concesiones de obra pública.

Eliminada por la presión mediática la más importante herramienta para aunar recursos públicos y privados, sólo nos queda esperar que el Gobierno sea capaz de poner en marcha un programa de inversión pública que logre cubrir los importantísimos déficits que sufre Costa Rica. Lamentablemente, eso no va a suceder.

Casi un año desde que tomó posesión este Gabinete basta para darnos cuenta de que no existe un plan, no hay un programa y, lo peor de todo, no se han formulado prioridades. Lo único que se acerca a un objetivo es la pretensión de avanzar hacia la meta de ser un país con emisiones nulas de dióxido de carbono. Una idea muy loable, pero sin duda bastante alejada de la realidad para un país en vías de desarrollo.

Y es que uno tiende a pensar que algunos gobernantes, como doña Laura, se dejan influir demasiado por determinados asesores cuya vida en Costa Rica se asemeja más a la de un ciudadano de Noruega que a la de un muchacho de Alajuelita. Personas que han estudiado en el extranjero, se compran el último modelo de Mac y pasan el día leyendo las últimas tendencias tecnológicas en las redes sociales. En otras palabras, más conectados con el mundo virtual de los países desarrollados, que con el mundo real que los rodea.

Carbono neutral, laptop para los escolares y digitalización gubernamental, suenan más a objetivos de un país que tiene resueltos los problemas en temas tan básicos como educación, seguridad ciudadana e infraestructuras y ahora tienen que ver cómo mejoran su imagen ante el mundo o si avanzan puestos en el Informe PISA. Pero aquí, en Costa Rica, un país con una renta per cápita aún muy lejos de los $30,000, aún quedan mucho camino por recorrer antes de pensar en ocurrencias futuristas propias del que lo tiene todo y ahora aspira a “salvar el Planeta”.

Claro que cuando no hay prioridades, ni liderazgo, ni se tienen las ideas claras ocurren estas cosas. Cualquiera con un mínimo de sentido común sabe que Costa Rica tiene un tremendo déficit en infraestructuras, un nivel educativo en franco deterioro y una seguridad pública cada vez más débil.

Nuestros políticos prefieren mirar para otro lado. Se dejan manejar como marionetas por la última portada de los diarios. Se enfocan en los TED Pura Vida y demás fanfarria de cuasi ciencia ficción y olvidan lo básico. Olvidan, por ejemplo, que un empleado que viaja de Tres Ríos a Heredia para ocupar su puesto de trabajo, invierte tres horas de su vida cada día en desplazarse. Olvidan que hay colegios en condiciones deplorables que los hacen inservibles para su fin. Olvidan que vivimos en un país sin una red de saneamiento urbano decente.

Olvidan, al fin y al cabo, las prioridades de un país que lucha por dar a sus ciudadanos igualdad de oportunidades.